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SOBRE EL ENCUENTRO LA ESPERA INFINITA
(Por J. Donadín Álvarez)

Siempre hay una buena excusa para leer, un impulso para escribir y, en el mejor de los casos, atrevimiento para publicar poesía. Esto ha sido bien entendido por la “Fundación Educativa Cultural ApoyArte” que propició los elementos necesarios para que en El Progreso Yoro se leyera, se escribiera y se publicara la antología poética “La Espera Infinita” que colecciona el trabajo de más de treinta poetas hondureños y extranjeros.

Ahora bien, no se trató solamente de la publicación de una compilación de poesía sino de un encuentro entre poetas de América Central, América Latina y América Anglosajona. Cabe destacar que el espíritu de la actividad consistía en hermanar a los poetas que llegaron con la voluntad de leer poesía en un país tremendamente convulsionado sociopolíticamente. En ningún momento se trató de una competencia, nunca hubo la intención de rivalizar, de jerarquizar la obra de cada participante, a pesar de que la lectura de su poesía exhibía mayor dominio de la confección poética en algunos, entre tanto, otros evidenciaban su reciente adherencia a tan sublime actividad. (Por supuesto, no estoy facultado –por mi escasa preparación en este terreno– para definir la obra total de cada poeta invitado).

Especial mención merece el compañero poeta Héctor Flores quien fue el artífice del “Encuentro de la Espera Infinita”, el amigo gestor cultural que ha dado memorable cátedra de cómo se debe promover el trabajo artístico en todas sus dimensiones, mediante una estrategia social con impacto nacional e internacional. Y es que “El Chaco” huele a apoyo, a compañerismo, a sinceridad y sobre todo a poesía. Ha sido él quien durante un buen tiempo ha proporcionado, a través del colectivo “Atrapados en Azul”, el paraguas cultural necesario para que un nutrido grupo de jóvenes esté pincelando con su talento el nuevo rostro cultural de El Progreso Yoro. No hay duda que el amigo de la Pitoreta en su melena atesora proyectos interesantes. Su programa “Desde el Acantilado”, emitido desde la “Isla Poesía”, es uno de ellos.

Sin duda, hay bastante trabajo por realizar desde la poesía. Héctor lo sabe y en función de ello tiene bien claro su proyecto de continuar impulsando la producción incipiente, que está redefiniendo la historia local. Gracias a su gestión, el escrito oculto de varios poetas jóvenes llega a la vitrina cultural y la obra poética crece en la ciudad.

Desde luego, la asunción de esta tarea implica un desafío importante, sobre todo para Héctor quien comprende que debe contener la emotividad –tan natural durante la juventud– de los jóvenes que anhelan publicar poesía con desconsiderada premura sin antes haber encontrado un equilibrio entre el talento que poseen y la disciplina personal necesaria.

Por esta razón, toda persona debe tener en cuenta que escribir poesía constituye un acto delicado. Quien no lo entienda así podrá pensar, escribir, e incluso publicar cualquier cosa menos poesía. Desde luego, esto es lamentable porque si el que pretende ser poeta no tiene una definición exacta de su labor corre el riesgo de extinguirse como tal.

La verdadera poesía se esconde de quien considera que se trata sólo de jugar con las palabras para orgasmar oídos poco exigentes. El uso de algunas metáforas ya desgastadas, de rimas asonantes con dudosa coherencia y la aparición de cierta anarquía de las ideas –mal entendida como versolibrismo– invita a pensar en la necesidad imperiosa de proporcionarle algunas calorías de creatividad a la desnutrida poesía contemporánea.

Obviamente el “Chaco de la Pitoreta” sabe perfectamente todo lo anterior. Si así no fuera hace tiempo se habría convertido en proxeneta de la poesía y no en lo que es actualmente: el mecenas de los poetas emergentes en la ciudad.

 

En suma, Honduras agradece el trabajo de personas como Héctor Flores, quien dirige la Fundación Educativa Cultural ApoyArte”, el respaldo de la Universidad de Rowan y la presencia de los poetas nacionales y extranjeros por haber leído poesía en el centro penal de Palermo, en los colegios donde estudiantes valientes defienden el derecho a la educación pública, en el Teatro la Fragua y en las calles del centro de la ciudad, es decir, por haber hecho posible el “Encuentro de la Espera Infinita”. Gracias, de verdad, por demostrarle al pueblo hondureño que la producción poética debe mantener un compromiso social más allá de ser un producto para el consumo cultural de un reducido grupo de lectores.